El Nuevo Pacto

Tanto el Viejo Testamento como el Nuevo hablan de un nuevo pacto, pero el Nuevo Pacto del que habla el Viejo Testamento no es igual al que habla el Nuevo.

El Nuevo Pacto según el Antiguo Testamento
1. Sería un pacto que Dios haría exclusivamente con la nación de Israel, o sea, con las doce tribus de Israel (Jeremías 31. 31-33).
2. Dios iba a poner Su ley en la mente y en el corazón de cada israelita y perdonaría sus pecados (Jeremías 31. 33-34; Ezequiel 36. 26-27).
3. Dios iba a castigar solamente a quien pecara, no a sus descendientes (Jeremías 31. 29-30).
4. Después que Dios creara los nuevos cielos y la nueva tierra, cada israelita viviría más de cien años en paz y prosperidad, pero no iban a vivir eternamente (ni en la tierra ni en el cielo) (Isaías 65. 17-25).
5. Dios le prometió a David una dinastía perpetua, y aunque fue interrumpida por invasiones y exilios, la misma sería restaurada en Jerusalén a partir de un «retoño» (un rey del linaje de David que reiniciaría la dinastía). Por ende, la dinastía davídica habría de estar vigente durante el Nuevo Pacto (2 Samuel 7. 12-16).
6. Como el sacerdocio levítico iba ser perpetuo (con sacerdotes mortales descendientes de Aarón), también iba a estar vigente durante el Nuevo Pacto (Éxodo 29. 9; Números 25. 13).
7. Iba a haber armonía entre el rey y el sumo sacerdote; serían dos personas distintas, no una.
8. Israel iba a ser una nación ejemplar y admirable para las demás naciones, las cuales iban a acudir a Jerusalén para resolver sus conflictos, porque allí encontrar consejo de gente con sabiduría divina como Salomón, Daniel y José. Por esto, en Abraham y su simiente (las doce tribus de Israel, no Jesús) las naciones iban a encontrar bendición (Isaías 2. 2-4).

El Nuevo Pacto según el Nuevo Testamento
1. Hebreos 8. 6-13 hace referencia al Nuevo Pacto mencionado en Jeremías 31. 31-33, pero habla de él como si fuera un pacto con la Iglesia, que está compuesta por individuos de todas las naciones en vez de ser un pacto con Israel. Hebreos 7. 22 dice que Jesús es el fiador del Nuevo Pacto.
2. El sacerdocio melquisédico sustituyó el sacerdocio levítico (Hebreos 8. 12).
3. El sacrificio (la sangre) del Cristo Jesús sustituyó el sacrificio (la sangre) de animales (Hebreos 9. 11-14).
4. A los cristianos se les ha prometido vida eterna (Romanos 6. 22; 1 Juan 2. 25).
5. Jesús será el rey en la Nueva Jerusalén eternamente (Juan 1. 49; 12. 13).
6. Jesús será el sumo sacerdote en la Nueva Jerusalén eternamente (Hebreos 5. 10).
7. Jesús será rey y sumo sacerdote simultáneamente en la Nueva Jerusalén eternamente.
8. Según el apóstol Pablo, la simiente de Abraham no son las tribus de Israel, sino Jesús, quien reinará con los santos sobre las naciones (Gálatas 3. 8, 9, 14, 16; Apocalipsis 2. 26; 21. 24-26).

El Nuevo Pacto del que habla el Viejo Testamento iba a ser hecho exclusivamente con los israelitas y no prometía vida eterna; mientras que en el Nuevo Testamento, gente de todas las naciones pueden entrar en el Nuevo Pacto, que sí promete vida eterna. Por estas diferencias, los judíos continúan esperando el Nuevo Pacto anunciado en el Antiguo Testamento y los cristianos no; y los cristianos celebramos el Nuevo Pacto del Nuevo Testamento y los judíos no.

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La gracia de Dios

La gracia de Dios es algo clave en la fe cristiana que todo cristiano debería entender claramente, pues es lo que facilita y recompensa el esfuerzo humano por servir a Dios, no es algo que conflija o sea incompatible con éste; es todo lo que Dios por su propia iniciativa le da al hombre para que le sirva y por servirle y que el hombre no puede proveerse a sí mismo. Por ejemplo:

  • Las promesas de Dios son dadas por gracia, porque es Dios quien las hace y quien hace que se cumplan.
    • El hombre no puede prometer las cosas que Dios promete, porque no las puede cumplir, no puede hacerlas realidad.
  • La Torá (la Ley) fue dada por gracia.
    • El hombre no hizo la Ley, ni siquiera se la pidió a Dios, Dios se la dio por su propia inciativa.
  • El Espíritu Santo es dado por gracia.
    • El Espíritu Santo no es algo innato en el hombre, lo recibe de Dios.
  • Los dones del Espíritu son dados por gracia.
    • Los dones del Espíritu no son poderes innatos del hombre, son dados por el Espíritu Santo.
  • El llamado a los ministerios es por gracia.
    • El sacerdocio levítico fue ordenado por Dios.
      • Aarón y los levitas fueron escogidos y ordenados por Dios.
    • El reinado davídico fue ordenado por Dios.
      • David y sus descendientes fueron escogidos y ordenados por Dios.
    • El apóstolado fue dado por Dios a los apóstoles.
      • Los doce apóstoles y Pablo fueron escogidos y ordenados por Dios.
  • La resurrección es por gracia.
    • Ningún hombre puede resucitar por sí mismo después de morir, es Dios quien lo resucitará en el día de la resurrección.
  • La inmortalidad (la salvación) es por gracia.
    • La inmortalidad ni es algo innato en el hombre, ni algo que el hombre puede desarrollar por sí mismo, sino algo que recibirá de Dios.

El apóstol Pablo decía que el hombre recibe la salvación (la inmortalidad) como un regalo de Dios por creer el evangelio, no como el pago por haber hecho buenas obras. Él creía que si uno recibiera la salvación por haber hecho buenas obras, la recibiría como un pago por las obras hechas, pero si la recibía por creer el evangelio, la recibía como un regalo (por gracia; de gratis). No vio que si uno recibiera la vida eterna por haberse mantenido creyendo el evangelio hasta el final de su vida, la recibiría como pago o recompensa por haber creído, no la recibiría como un regalo. Para realmente recibirla como regalo (por gracia) tendría que recibirla a cambio de nada (sin haber hecho buenas obras ni haber creído).

Pablo no vio que aun como pago por haber hecho buenas obras, el hombre recibiría la salvación de parte de Dios, no se salvaría por sí mismo. El hombre no puede hacerse inmortal a sí mismo, ni haciendo buenas obras, ni creyendo. Poder hacer eso haría que la gracia de Dios fuera innecesaria. Pero mediante las buenas obras el hombre se pone en una posición propicia para recibir la inmortalidad (la salvación) de parte de Dios, y esto sigue siendo gracia; porque si Dios no nos la da, no la podemos obtener, aunque la merezcamos. Nosotros no podemos obligar a Dios a que nos dé la inmortalidad (ni ningún otro don), solo podemos esperar que Él nos la dé voluntariamente. La salvación mediante buenas obras, ni excluye ni anula la gracia de Dios, porque la inmortalidad la recibimos de Dios; Él es quien nos la otorga, nosotros no nos hacemos inmortales a nosotros mismos.

La verdad es que somos salvos por amar —y no solo por creer—, y que es haciendo buenas obras que manifestamos el amor. Sí tenemos que creer que si no amamos haciendo buenas obras, no nos salvaremos del lago de fuego, y que si amamos haciendo buenas obras, Dios no nos condenará; pero no podemos quedarnos en creerlo solamente, tenemos que actuar según lo que creemos, tenemos que amar haciendo buenas obras. Esto lo vemos en la parábola del buen samaritano, en la parábola de las diez vírgenes, en el relato del hombre rico que se negó seguir a Jesús, en el relato del juicio a las naciones, en el libro de Isaías y en otros libros más.

Mala racha

Miércoles 10 de octubre del 2018
Me monto en la guagua y pago con la tarjeta del tren. El chofer me dice que a la tarjeta no le queda dinero. Yo vi cuando la máquina donde uno paga en la guagua indicó «paid» en letras rojas. Pero como la máquina inmediatamente indica el balance de la tarjeta; el chofer al ver que el balance era cero, me dijo que la tarjeta estaba vacía, que no había pagado. Entonces, para no ponerme a discutir con el chofer, pagué con monedas, y cometí el error que pagué la tarifa regular (75¢). El pasaje me salió en $1. 05 en vez de 35¢. La realidad es que a la tarjeta le quedaban 35¢, que es la tarifa para los «seniors», y la máquina los cobró, por eso indicó «paid».

Jueves 11 de octubre del 2018
Una señora me pregunta que si la guagua que llegó a la parada pasa por Plaza las Américas. Le digo que sí, y ella me pide que le ayude a montar unas bolsas en la guagua. Cuando la señora se monta en la guagua, le pregunta al chofer si la guagua pasa por la universidad. El chofer le dice que no y ella se baja de la guagua. Como la acera estaba mojada, porque había acabado de llover, y por no dejarle las bolsas en la acera para que no se mojaran, me fui a ponerle las bolsas en en banco donde estaban. La guagua arrancó y yo me quedé sin cojerla. Era la guagua que yo iba a cojer.

Viernes 12 de ocubre del 2018
Antes de salir de la iglesia, fui al baño a hacer #2, y justo cuando me siento en la vacineta, me llama la secretaria. Me subo el pantalón —no hice nada—. Cuando fui adonde ella, me pidió que le explicara como insertar un archivo en un «email» (algo que yo le he explicado varias veces). Mientras le explicaba, ella se tapaba la boca para ocultar su risa.

Cuando vengo en la guagua de regreso a la iglesia, decido seguir para el supermercado Amigo de Plaza Caparra para encontrar que ese supermercado había cesado operaciones. Me quedé sin hacer compra y tuve que cojer otra guagua para regresar a la iglesia.

Desde la semana pasada he estado esperando que salga el sol para lavar la ropa y tenderla afuera para que se seque y no había habido ni un día soleado en toda la semana, estaba usando la última camisa que me quedaba limpia. Como tenía planes de salir al día siguiente, necesitaba tener al menos una camisa limpia, por lo que al comenzar la noche, lavé tres camisas, y las dejé secando en el salón comedor de la iglesia. ¿Por qué no se me ocurrió antes?, pensé.

Sábado 13 de octubre del 2018
A las 6:45am fui al salón comedor a buscar las camisas que había dejado secando allí. Estaban secas. Las cojí, cerré el salón comedor con candado… y dejé las llaves adentro. Ahora, como ni puedo ir a bañarme, ni puedo fregar los trastes que use, ni puedo salir a la calle, pues necesito las llaves para poder hacer todas esas cosas, decidí ponerme a escribir esto. Suerte que no cerré con llave el salón donde duermo (que es donde estoy ahora); si no, me hubiera quedado encerrado en el «parking» solamente con acceso al banõ. Yo esperaba que viniera el grupo de las niñas escuchas que se reúne en el salón comedor los sábados a las 9:30am, pero ya son las 9:46am y no ha llegado. Oigo ruido en el «parking»; es el pastor, que llegó. Inmediatamente, llegó el grupo de las niñas escuchas detrás de él. Me salvé: ya puedo bañarme y salir.

La parábola de las diez vírgenes

Esta parábola está solamente en El evangelio según Mateo, en los versículos del 1 al 13 del capítulo 25. La misma trata de cuáles serán los cristianos que Jesús se llevará cuando venga a buscar a su novia (la iglesia), lo que implica que no se los llevará a todos; se llevará a los que cumplan con ciertas condiciones. Para representar esto, en la parábola fueron utilizados los siguientes símbolos: un novio, diez vírgenes con lámparas con aceite, la noche, un lugar de espera, y un lugar de encuentro.

Las diez vírgenes estaban en una misma casa o edificio esperando al novio. Como el novio vendría en la noche, ellas tenían que salir a recibirlo con lámparas encendidas para poder reconocerlo y ser reconocidas por él. Para que las lámparas pudieran alumbrar tenían que tener aceite. De las diez vírgenes, solo las cinco tenían sus lámparas llenas de aceite salieron del templo en la oscuridad de la noche a recibir al novio. Ellas lo pudieron reconocer a él en la noche; él las pudo reconocer a ellas; y se fueron a las bodas con el novio. Las otras cinco, como no tenían sus lámparas llenas de aceite, se les comenzaron a apagar rápidamente, y en vez de salir del templo, se fueron a comprar aceite (se quedaron en el templo buscando un avivamiento personal). Cuando el novio llegó, se llevó para las bodas a las vírgenes que habían salido del templo con sus lámparas encendidas. Las vírgenes que se fueron a comprar aceite, como no salieron del templo a recibir al novio, no pudieron irse con él a las bodas. Aun así ellas llegaron solas al lugar de las bodas, y aunque tenían sus lámparas encendidas el novio ni las reconoció ni les permitió entrar. Para que las vírgenes pudieran estar en las bodas, no podían ir solas, tenían que ir con el novio; ellas tenían que salir del templo a recibir al novio en la oscuridad de la noche con sus lámparas encendidas, y que para que éstas alumbraran tenían que tener aceite.

El lugar donde las vírgenes estaban esperando al novio pudiera ser un templo o un monasterio. El lugar adonde las vírgenes salieron a encontrarse con el novio fue afuera del templo (en el mundo). El momento en que llegó el novio y las vírgenes se encontraron con él fue a media noche (cuando la noche está más oscura; cuando la crisis del mundo está en su peor momento). El modo en que las vírgenes salieron del templo a recibir al novio fue con sus lámparas encendidas. Las lámparas de las vírgenes son sus corazones; y el aceite de sus lámparas es el amor (el interés por el bienestar del prójimo). Sin amor en sus corazones las vírgenes no podían alumbrar (amar a su prójimo).

El profeta Daniel, al interpretar un sueño que tuvo el rey Nabucodonozor, habló de una estatua hecha con cuatro metales. La misma representaba cuatro eras: la era de oro, la era de plata, la era de bronce, y la era de hierro. Esta última es la más oscura de las eras; es la era en que vivió Jesús, la cual durará hasta que comience el milenio; son los últimos tiempos; es la era actual. En la parábola, la noche representa esta era de hierro. En su segunda carta a Timoteo, el apóstol Pablo hace una descripción del tipo de personas predominante en esta era (2 Timoteo 3. 1-9).

El apóstol Juan también arroja luz sobre esto en su primera carta, al decir que quien ama a su hermano está en la luz y quien odia a su hermano está en tinieblas (1 Juan 2. 9-11). Sabiendo esto, entendemos que cuando amamos como a nosotros mismos a nuestros hermanos (amor filial) y al prójimo en general (amor agape), tenemos nuestras lámparas llenas de aceite y somos luz en el mundo (Mateo 5. 14-16); y que cuando amamos a nuestros enemigos es cuando más alumbramos. Pero cuando el aceite comienza a escasear en nuestras lámparas, comenzamos a ser indiferentes a las necesidades de nuestros hermanos y nuestro prójimo, se nos comienza a enfriar el amor (Mateo 24. 12) y nos ponemos tibios. En su libro Apocalipsis, Juan dice que los cristianos tibios ni enfrian ni calientan (ni consuelan ni animan) a sus hermanos; no los aman, los tratan con indiferencia y menosprecio. Los cristianos tibios solo se interesan en sí mismos y son engreídos. Por eso Dios no los quiere en su reino y los vomitará de su boca (Apocaliposis 3. 14-22; 1 Juan 3. 10). Dios quiere cristianos como los cristianos colosenses, que se caracterizaban por amar a todos los santos (Colosesnses 1. 4).

Las vírgenes prudentes representan a los cristianos que se aman (ayudan) unos a otros mientras esperan que el Cristo Jesús regrese. Las vírgenes insensatas representan a los cristianos que esperan a Jesús sin amarse (ayudarse) unos a otros. A los cristianos que Jesús vendrá a buscar serán aquellos que hacen lo que él los mandó a hacer: amarse unos a otros como a sí mismos. A los cristianos que no aman a sus hermanos como a sí mismos, Jesús no los llevará a sus bodas. Cuando los cristianos se aman (ayudan) unos a otros, alumbran y son alumbrados, se alumbran unos a otros, son luz, son lámparas que alumbran (hacen buenas obras) porque tienen aceite (amor). El Cristo Jesús vendrá a buscar a los cristianos que se ayudan unos a otros y salen al mundo a predicar el evangelio y a hacer buenas obras mientras lo esperan a él. Los cristianos que no hacen estas cosas mientras esperan al Cristo Jesús, lo esperan en vano. Llenemos nuestras lámparas de aceite y con ellas encendidas salgamos al mundo, pues será allá y no en el templo que nos encontraremos con él. ¡Amén!

El evangelio según Mateo

El evangelio según Mateo contiene dos doctrinas que son características del hinduísmo, el budismo y el jainismo: la doctrina de la reencarnación y la doctrina de la salvación mediante buenas obras. Desde comienzos del cristianismo, la primera ha sido rechazada porque no puede ser una doctrina cristiana; y la segunda, porque no lo parece —aunque puede serlo—.

La reencarnación
La doctrina de la reencarnación fue rechazada en la religión cristiana desde el comienzo de ésta. En la Biblia uno puede ver que en su evangelio Mateo avaló la reencarnación al decir que Jesús dijo que Juan el Bautista era el profeta Elías, quien vendría antes que él (Mateo 11. 14 y 17. 10-13); y que Marcos, Lucas y Juan lo refutaron. Según Marcos, Jesús sí dijo que Elías vendría antes que el Mesías, pero no dijo que fuera Juan el Bautista (Marcos 9. 11-13). Según Lucas, el ángel Gabriel dijo que Juan el Bautista tendría el espíritu y el poder (la unción) de Elías, pero tampoco dijo que fuera Elías (Lucas 1. 8-17). Y según Juan, el mismo Juan el Bautista dijo que él no era el profeta Elías (Juan 1. 21). Si Mateo dijo que Jesús había dicho tal cosa con la intención de darle validez a la doctrina de la reencarnación, no le resultó, por varias razones.

Una razón es que si el alma fuera inmortal y pudiera habitar en otro cuerpo físico, la resurrección sería innecesaria. Para qué resucitar un cuerpo muerto, descompuesto, o hecho polvo si el alma puede introducirse en el cuerpo de un bebé cuando éste se está gestando en el vientre de su madre. Aun así, hay unas cuantas iglesias que la han adoptado como una de sus doctrinas. Tal es el caso de la iglesia Unity en los EU y la iglesia Cristianismo de Santo Tomás (Saint Thomas’ Christianity) en la India. Esas iglesias han adoptado la reencarnación como una doctrina cristiana porque está en Mateo 11. 14 y 17. 10-13.

Otra razón para que el planteamiento de Mateo fuera rechazado, pudo ser porque él citó mal Malaquías 4. 5, que dice que Dios iba a enviar al profeta Elías antes de que llegara el día grande y terrible del SEÑOR. En El evangelio según Mateo Jesús cita a Malaquías diciendo que Dios iba a enviar al profeta Elías antes que él (Jesús) viniera. Pero venir antes del día grande y terrible del SEÑOR no es lo mismo que venir antes de Jesús nacer o comenzar su ministerio.

Otra argumento que tiene en contra es que el profeta Elías fue llevado al cielo vivo, y de allá regresará a la Tierra durante el reinado de la bestia. Elías es uno de los dos testigos mencionados en Apocalipsis 11. 3-12. Si Elías no ha muerto, no pudo haber resucitado. Cuando él regrese, la bestia lo matará, y será resucitado tres días después, no reencarnará.

Con su planteamiento, Mateo erró en tres sentidos. Primero, porque Jesús enseñaba la doctrina de la resurrección, y ésta no es compatible con la de la reencarnación. Segundo, Mateo alteró la cita de Malaquías, y este segundo error lo llevó a un tercer error: tratar de fundamentar la doctrina de la reencarnación con un error escatológico (confundió el día del SEÑOR con el tiempo del ministerio de Jesús). Éstas son razones suficientes para que Marcos, Lucas y Juan rechazaran tal doctrina y los cristianos del siglo XXI la rechacemos también.

La salvación mediante buenas obras                                                                               En sus cartas el apóstol Pablo negaba rotundamente tal posibilidad. Según él, la salvación se recibe por gracia (como un regalo) mediante la fe solamente. Él decía que si fuera por obras (buenas obras), la salvación se recibiría como deuda (como un pago). Según Marcos 16. 16 Jesús dijo que quien crea el evangelio y sea bautizado será salvo, y quien no lo crea será condenado; Juan 3. 18 dice lo mismo de otra manera. Lucas en Hechos 17. 30-31 expresa la misma idea. Tener fe, creer (no obrar) es lo necesario para ser salvo, según estos apóstoles.

Con su relato del juicio ante el trono blanco, Mateo rompe con esto y habla de salvación por obras. Ese relato está en Mateo 25. 31-46. En ese juicio, unas personas a las que Jesús llama «las ovejas» son juzgadas por la manera en que trataron a otras a las que Jesús llama «los pequeñitos», y se salvan de ser condenadas porque las trataron bien (les dieron de beber, de comer, de vestir, los visitaron, etc.). Esas «ovejas» son juzgadas por sus obras, y son salvas por hacer buenas obras. Esas «ovejas» son como el buen samaritano, que aunque no son parte del pueblo de Dios, son capaces de hacerles buenas obras a otras personas. Esas «ovejas» no son salvas por creer en Jesús; pueden ser budistas, hinduístas, jainistas, musulmanes, de cualquier otra religión, o de ninguna; porque ellas no serán juzgadas por su fe, sino por sus obras.

Los «pequeñitos» serán resucitados en la primera resurrección y su destino eterno será la Nueva Jerusalén, donde serán sacerdotes de Dios y reinarán sobre las naciones con el Cristo Jesús; son los santos. Según dice el apóstol Juan en Apocalipsis 20. 6, todos los resucitados en la primera resurrección serán salvos; también serán sacerdotes de Dios y del Cristo. Las «ovejas» serán resucitadas en la segunda resurrección, y las naciones serán su destino eterno. Los «pequeñitos» son el primer grupo de salvos, y reinarán sobre las «ovejas», que son el segundo grupo.

El apóstol Pablo siempre habló de los «pequeñitos» (aunque nunca los llamó así); nunca habló de las «ovejas». Pablo siempre habló de resucitados en la primera resurrección que serán salvos por tener fe en Jesús; él nunca habló de resucitados en la segunda resurrección que serán salvos por hacer buenas obras. Y el apóstol Juan, aunque habló de ambas resurrecciones, no dijo explícitamente que en la segunda resurrección habrá salvos, pero sí fue explícito al decir que habrá condenados. Mateo fue el único apóstol que dijo explícitamente que en la segunda resurrección habrá personas que serán salvas, y que lo serán por hacer buenas obras.

En la soteriología de Pablo hay un solo camino de salvación (la fe en el Cristo Jesús), un solo grupo de salvos (los santos), un solo destino eterno para los salvos (el cielo). En la soteriología de Mateo hay dos caminos de salvación (la fe en el Cristo y las buenas obras), dos grupos de salvos (Los «pequeñitos» y las «ovejas») y dos destinos eternos para los salvos (la Nueva Jerusalén y las naciones). Pablo habla de la primera resurrección, y no de la segunda. Mateo, en su relato del juicio ante el trono blanco, habla de ambas, pero de una manera muy disimulada. Uno puede entender que ese juicio ocurrirá después de la segunda resurrección, porque los resucitados en la primera resurrección serán todos salvos, y en el juicio ante el trono blanco habrá condenados (los «cabritos»). También uno puede entender que habrá una resurrección anterior a esa cuando se da cuenta de que los «pequeñitos» ni serán resucitados junto con las «ovejas» y los «cabritos», ni serán juzgados en ese juicio. Según la soteriología de Pablo, la de Mateo es incorrecta; y según la de Mateo, la de Pablo está incompleta.

La soteriología de Pablo está dirigida exclusivamente a los «pequeñitos» antes del milenio; y la de Mateo, a las «ovejas» antes del milenio y durante el milenio, además de a los «pequeñitos». En el milenio la soteriología de Pablo quedará obsoleta porque los «pequeñitos» habrán sido salvos; pero la de Mateo tendrá vigencia porque servirá para exhortar a los «cabritos» a que se arrepientan y se conviertan en «ovejas». En el milenio tendrán que predicar la salvación por buenas obras, pues por la fe en Jesús nadie será salvo.

La posibilidad de ser «oveja» siempre ha existido, y existirá hasta el fin del milenio. Por esto, la soteriología de Mateo ha tenido vigencia desde que El evangelio según Mateo fue publicado, y la tendrá hasta el fin del milenio. A la luz de la soteriología de Mateo uno puede exhortar a los «cabritos» a que al menos procuren ser salvos como «ovejas» si no quieren creer en el Cristo Jesús y ser salvos como «pequeñitos»; y a las «ovejas» que practican otras religiones y a las que no practican ninguna uno puede animarles a que continúen perseverando como «ovejas» si no quieren creer en el Cristo Jesús y ser salvos como «pequeñitos». Esto haría que el evangelio sea menos ofensivo a los «cabritos» y a las «ovejas» y estarían más dispuestos a oírlo, pues quienes evangelizan no estarían diciéndoles que si no creen en el Cristo serán condenados, les dirían que también pueden ser salvos por hacer buenas obras. Esto cambiaría la manera de hacer evangelismo.

Según la soteriología de Mateo, Jesús no condenará a personas que vivieron haciendo el bien simplemente por que no creyeron que él es el Cristo. Esto choca con las soteriologías de Marcos y de Juan, que postulan que quien no crea en el Cristo Jesús está condenado. Marcos lo dice explícitamente en Marcos 16. 16, y Juan en Juan 3. 18. Las soteriologías de Lucas y de Pablo siguen la misma línea de las de Marcos y Juan.

La doctrina de la reencarnación puede hacer que el evangelio según Mateo sea considerado un evangelio falso, pero la doctrina de la salvación por buenas obras (la salvación de las «ovejas») completa lo que le falta a la soteriología de Pablo: decir quienes van a ser los salvos que poblarán las naciones sobre las cuales Jesús y los santos van a reinar desde la Nueva Jerusalén y por cuáles criterios serán declarados salvos.

A la luz de la soteriología de Mateo es incorrecto decir que la segunda resurrección es una resurrección estrictamente para condenación y que quien no crea en el Cristo será condenado; porque según Mateo, quienes no sean cristianos, ni serán resucitados en la primera resurrección, ni reinarán con el Cristo Jesús en la Nueva Jerusalén; pero si ayudan a quienes necesiten ayuda, especialmente si ayudan a los «pequeñitos», si hacen buenas obras, vivirán para siempre, pero en las naciones, aunque sean resucitados en la segunda resurrección. Esto también es salvación. Si Mateo se equivocó en este punto también, El evangelio según Mateo no debió ser parte de la Biblia, sino un libro sagrado hinduísta, budista o jainista.