El otro camino de salvación

La salvación tiene requisitos. Para pasar la eternidad en la Nueva Jerusalén o en las naciones hay requisitos que cumplir. Esos requisitos son los diez mandamientos. Los primeros cuatro mandamientos tienen que ver con amar a Dios, son mandamientos religiosos; mientras que los últimos seis tienen que ver con amar al prójimo, son mandamientos éticos. Para vivir eternamente en las naciones, basta cumplir los mandamientos éticos, no hay que cumplir los mandamientos religiosos. Pero para vivir
eternamente en la Nueva Jerusalén, además de los mandamientos éticos hay que cumplir los mandamientos religiosos. Cumplir con los mandamientos religiosos es seguir el camino religioso; y cumplir los mandamientos éticos es seguir el camino ético, el cual es el camino secular de salvación. Este camino secular de salvación a los cristianos se nos había pasado desapercibido, pero Jesús indirectamente habló de él en el relato del juicio ante el trono blanco (Mateo 25.31-46; Apocalipsis 20.11-15).
En el relato del juicio del trono blanco las ovejas representan personas que siguieron el camino ético, y por seguir ese camino, son resucitadas en la segunda resurrección y juzgadas en ese juicio según sus obras. Como sus obras fueron buenas (como trataron bien a su prójimo) no fueron condenadas al castigo eterno en el lago de fuego. Sin embargo, aunque su destino eterno no fue el lago de fuego, tampoco lo fue la Nueva Jerusalén. Su destino eterno fue las naciones. Aunque las ovejas ni fueron resucitadas en la primera resurrección ni la Nueva Jerusalén fue su destino eterno, ellas fueron salvas…
porque sus obras fueron buenas (le dieron de comer al habriento; le dieron de beber al sediento; hospedaron al extranjero; vistieron al desnudo; visitaron al enfermo; etc.). Es en la salvación de esas ovejas que está implícito el camino secular de salvación, pues si ellas son salvas por hacer buenas obras, es porque éstas son un camino de salvación. En realidad el camino secular de salvación (el cumplimiento de los mandamientos éticos) es el único camino de salvación, pues los mandamientos religiosos lo que hacen es mejorarle la salvación con una mejor resurrección y un mejor destino eterno a quienes cumplen los mandamientos éticos. Nadie será salvo por cumplir los mandamientos religiosos solamente, y nadie será condenado al lago de fuego por no cumplirlos; como tampoco nadie podrá ser admitido en la Nueva Jerusalén por cumplir los mandamientos éticos, por bien que los cumpla; pero quienes no los cumplan serán condenados al lago de fuego, pues la única razón para merecer ese destino eterno es no cumplir los mandamientos éticos.
Otro relato que evidencia el camino secular de salvación es el del hombre rico que le pregunta a Jesús qué tiene que hacer para ser salvo (Mateo 19.16-30). Jesús le contesta que tiene que guardar los mandamientos éticos (No matarás, no adulterarás, no dirás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo), pero no le menciona ningún mandamiento religioso. Se puede ser salvo guardando los mandamientos éticos y tratando bien al prójimo. De hecho, como dije antes, ese es el único camino de salvación.

Ser salvo mediante la ejecución de buenas obras choca con la soteriología del apóstol Pablo, que postula que se es salvo exclusivamente por creer en las promesas de Dios sin dudar, como creyó Abraham, sin necesidad de obrar. Pero si Abraham no hubiera salido de Ur hacia Canaán, sus descendientes no hubieran obtenido la tierra prometida por Dios; y si él no hubiera tenido relaciones sexuales con su esposa, no hubiera engendrado a Isaac, el hijo prometido por Dios; por más que él creyera esas promesas, hubiera creído en vano. Por esto el apóstol Santiago dijo que la fe sin obras es muerta (Santiago 2.26). En la soteriología de Jesús y de Santiago el camino de salvación consiste en guardar los mandamientos éticos. Hacerlo conduce a ser resucitado en la segunda resurrección y a la vida eterna en las naciones.

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Los otros salvos

En el relato del juicio ante el trono blanco (Mateo 25.31-46; Apocalipsis 20.11-15) está implícito que hay dos clases de salvos (los pequeñitos y las ovejas), dos caminos de salvación (el camino del amor a Dios y el camino del amor al prójimo), dos resurrecciones (la de los pequeñitos y la de las ovejas), y dos destinos eternos (la Nueva Jerusalén y las naciones). El juicio se lleva a cabo en la Nueva Jerusalén, y los pequeñitos están allí —aunque no están siendo juzgados— porque ese es su destino eterno. Ellos fueron resucitados mil años antes, en la primera resurrección, y todos los resucitados en la primera resurrección fueron salvos, porque siguieron el camino del amor al prójimo simultáneamente con el camino del amor a Dios. Ellos cumplieron con los requisitos máximos de salvación (los diez mandamientos), por eso tienen la mejor resurrección y el mejor destino eterno. Los pequeñitos son los primeros salvos.

Mil años después, hay una segunda resurrección (la de las ovejas y los cabritos) y un juicio (el juicio ante el trono blanco), en el cual los juzgados son juzgados según sus obras. Aquellos cuyas obras fueron buenas, serán salvos (las ovejas); aquellos cuyas obras fueron malas, serán condenados (los cabritos). Las ovejas son los segundos salvos, cuyo camino fue el camino del amor al prójimo; las naciones son su destino eterno; ellos cumplieron con los requisitos mínimos de salvación (los últimos seis de los diez mandamientos), por eso su gloria en la eternidad es menor que la de los pequeñitos.

Hay dos clases de salvos (los pequeñitos y las ovejas); dos caminos de salvación (el camino del amor a Dios y el camino del amor al prójimo); dos resurrecciones (la de los pequeñitos y la de las ovejas); y dos destinos eternos para los salvos: la Nueva Jerusalén (para los pequeñitos) y las naciones (para las ovejas). Las ovejas serán salvas, pero no podrán ser reyes ni sacerdotes en la Nueva Jerusalén; eso está reservado para el Señor Jesús y los santos (los pequeñitos).

Los cabritos participarán en la misma resurrección y en el mismo juicio que las ovejas, pero no tendrán el mismo destino eterno; su destino eterno será el lago de fuego, porque no siguieron ninguno de los caminos de salvación; son los condenados.

La visión cristiana de la vida humana

Es desconcertante y frustrante percibir que la vida humana no tenga sentido; nuestra racionalidad no tolera el absurdo. Para contrarrestar esa inquietante percepción, todas las religiones ofrecen visiones de la vida humana en las que ésta tiene sentido. La visión de la vida humana del cristianismo es que los seres humanos fueron creados inmortales; que perdieron su inmortalidad por desobedecer al Creador; y que después de morir, serán resucitados, juzgados, y enviados a uno de tres destinos eternos, que son: la Nueva Jerusalén, las naciones (Argentina, Brazil, Chile, etc.) y el lago de fuego.

La Nueva Jerusalén es la ciudad celestial donde Dios tiene su trono y su casa; es donde están las moradas preparadas por el Señor Jesús para los santos (Juan 14.2-3); es donde el Señor Jesús llevará a los santos para que sean reyes y sacerdotes con Él. En ella Dios convivirá con los santos, quienes son seres humanos que Él separa para que le sirvan (Apocalipsis 21.3). En ella, en la casa del Padre, ningún ser humano entrará si no es llevado por el Cristo Jesús (Juan 14.6). En ella serán las bodas del Cordero, donde la unión de Jesús (el Cordero) y la Iglesia (la Novia) quedará sellada para siempre. Ella será el destino eterno de los santos fieles a Dios de todas las épocas (la cristiana, la judía, y la patriarcal). En ella los santos no volverán a sufrir ni a morir.

Actualmente, la Nueva Jerusalén está en el tercer cielo, pero el Señor Jesús la traerá a este mundo para que sea luz a las naciones y ser honrada por éstas. (Apocalipsis 21.2, 3, 19, 24). Ella será la capital del mundo. Los cristianos hemos estado creyendo, predicando y enseñando que el destino eterno de los santos será en una región de un plano existencial distinto al nuestro, a la que llamamos «cielo». Pero la Biblia dice que el destino eterno de los santos será la ciudad celestial, sí, pero en este planeta.

Entonces, si el destino eterno de los santos fieles a Dios será en este mundo, y ellos regirán con Jesucristo sobre las naciones, es porque éstas también serán un destino eterno en este mundo. ¡Sí, otro destino eterno en este mundo! Durante los primeros mil años del establecimiento de la Nueva Jerusalén en este mundo, las naciones no serán un destino eterno; en ellas seguirán naciendo y muriendo seres humanos; y el Dragón que las engañaba será encarcelado durante mil años. Al cumplirse el milenio, el Dragón será puesto en libertad, engañará nuevamente a las naciones, y con los ejércitos de éstas bajo su mando, sitiará a la Nueva Jerusalén, pero no la podrá conquistar. En ese momento Dios acabará con los ejércitos del Dragón y echará a éste en el lago de fuego. Después de esto, habrá una segunda resurrección —la primera ocurrió mil años antes— y un juicio. Entonces, las naciones vendrán a ser un destino eterno. ¿De quiénes? De otros, que no serán los santos, que también se salvarán de tener el lago de fuego como destino eterno. ¡Sí, otros salvos! Ese otro destino eterno y esos otros salvos a los cristianos se nos habían pasado desapercibidos, a pesar de que Jesús habló de ellos (Mateo 25.21-46). Cuando las naciones sean destinos eternos, no habrá sufrimiento ni muerte en ellas.

Las naciones, como la Nueva Jerusalén, serán destinos eternos felices, pero quienes no terminen en ninguno de estos dos destinos terminarán en el lago de fuego, el cual será un destino eterno de tormento. Como los otros dos destinos eternos, el lago de fuego también estará en este mundo, pues en la Biblia el drama humano comienza y concluye en este mundo.

Sabiendo que hay varios destinos eternos, y que no todos son buenos, lo sensato es que evitemos el malo y procuremos uno de los buenos. Ser salvo es salvarse de terminar en el destino eterno malo (el lago de fuego). Ser salvo es terminar en uno de los dos destinos buenos (la Nueva Jerusalén o las naciones). ¿Y qué hay que hacer para ser salvo? Pues cumplir con unos requisitos mínimos de salvación: los últimos seis de los diez mandamientos que Dios le dio a su pueblo a través de Moisés. Estos son los mandamientos que Jesús dijo que había que cumplir para ser salvo; Él no mencionó los primeros cuatro mandamientos (Mateo 19.16-30; Marcos 10.17-31; Lucas 18.18-30). Esos seis mandamientos tienen que ver con amar al prójimo —honrar a los padres, no asesinar, no adulterar, no robar, no dar falso testimonio, y no codiciar— son mandamientos éticos. Para ser salvos, basta con cumplir estos seis mandamientos. Ellos son los requisitos mínimos de salvación.

Los primeros cuatro de los diez mandamientos tienen que ver con amar a Dios —no adorar a otros dioses, no hacer ídolos, no usar el nombre de Dios en vano, y no hacer tareas seculares los sábados—; son mandamientos religiosos. Estos cuatro, por sí mismos, nada tienen que ver con la salvación: cumplirlos, sin cumplir los mandamientos éticos, es practicar una religión vana (Santiago 1.26), es una fe muerta (Santiago 2.14-26), que no nos salva del lago de fuego; y no cumplirlos, si cumplimos los mandamientos éticos, no nos conduce allá. Lo que nos conduce al lago de fuego es seguir el camino secular de perdición, o sea, vivir violando los mandamientos éticos, que son los requisitos mínimos de salvación.

Sin embargo, los mandamientos religiosos unidos a los mandamientos éticos componen los requisitos máximos de salvación (los diez mandamientos). Cumplirlos, conduce a una mejor resurrección y a un mejor destino eterno que los requisitos mínimos de salvación. Los requisitos máximos de salvación conducen a la primera resurrección y a la vida eterna en la Nueva Jerusalén, mientras que los requisitos mínimos de salvación conducen a la segunda resurrección y a la vida eterna en las naciones.

La primera resurrección es mejor que la segunda, porque en la primera todos los resucitados serán salvos, y la Nueva Jerusalén, donde están la calles de oro y el mar de cristal, será su destino eterno. Nadie será resucitado en la primera resurrección ni tendrá la Nueva Jerusalén como destino eterno por cumplir los requisitos mínimos de salvación solamente, no importa cuan bien los cumpla. Por esto el apóstol Pablo le dijo a Tito en una carta que la salvación no se obtiene mediante buenas obras hechas al prójimo (Tito 3.5),y en otra carta les dijo a los creyentes de la ciudad de Efeso que era por la fe (por cumplir los mandamientos religiosos) no por obras (buenas obras hechas al prójimo) para que nadie se jacte (Efesios 2.8-9), porque para él «ser salvo» significaba ser resucitado en la primera resurrección y tener la Nueva Jerusalén como destino eterno. Parece que el apóstol Pablo no se percató de que Jesús habló de otros salvos que serían resucitados en la segunda resurrección y tendrían otro destino eterno que no sería la Nueva Jerusalén ni el lago de fuego (Mateo 25.31-46).

Quienes viven cumpliendo los requisitos mínimos de salvación son quienes siguen el camino secular de salvación. Éste es el camino del buen trato al prójimo, de las obras de justicia, el cual conduce a la segunda resurrección y a la vida eterna en las naciones; es el camino que tomaron las ovejas mencionadas en el relato del Juicio (Mateo 25.31-46). Quienes viven cumpliendo los requisitos máximos de salvación, además de seguir el camino secular de salvación, siguen el camino religioso genuino, el cual conduce a la primera resurrección y a la Nueva Jerusalén, donde Dios tiene su casa y su trono. Quienes siguen al Cristo Jesús, siguen el camino religioso genuino, cumpliendo los requisitos máximos de salvación; será a ellos a quienes el Cristo Jesús vendrá a buscar para que sean reyes y sacerdotes con Él en la Nueva Jerusalén; estos son a quienes en el relato del Juicio Jesús llama «pequeñitos», quienes ya habían sido resucitados en la primera resurrección. Estos son los dos caminos de salvación; uno estrictamente secular, con mandamientos éticos; y otro religioso-secular, con mandamientos religiosos y éticos.

Pero esos dos caminos no son los únicos en la vida de los seres humanos, hay otros dos caminos: el camino secular de perdición y el camino religioso falso. El primero, el camino secular de perdición, es el camino del maltrato al prójimo; el camino de la mentira, la estafa, la calumnia, el robo, el adulterio, etc.; es el camino que tomaron los cabritos (Mateo 25.31-46). Este camino conduce a la misma resurrección que el camino secular de salvación, pero no conduce al mismo destino eterno; conduce a la segunda resurrección, pero no conduce a la vida eterna en las naciones, sino en el lago de fuego, por esto es de perdición.

El camino religioso falso es un camino religioso que viola los mandamientos religiosos, por ende, no conduce ni a la primera resurrección ni a la Nueva Jerusalén, pero tampoco conduce al lago de fuego; es inconsecuente en cuanto a la salvación se refiere. Los seguidores de este camino que terminen en el lago de fuego, no irán allá por seguir este camino, sino por vivir violando los mandamientos éticos; si los cumplieran, no irían allá. Quienes siguen este camino serán resucitados en la segunda resurrección, pero el destino eterno en que terminen lo determinará el camino secular que siguieron (si el de salvación o el de perdición), pues el camino secular de salvación es el único camino que salva de ir al lago de fuego, y el camino secular de perdición es el único que conduce allá. Si además del camino religioso falso siguieron el camino secular de salvación, serán salvos, pero su destino eterno serán la naciones, no la Nueva Jerusalén; pero si siguieron el camino secular de perdición además de seguir el camino religioso falso, su destino eterno será el lago de fuego.

Todo ser humano anda por un camino (sencillo o combinado) en la vida, será resucitado en una de dos resurrecciones, y pasará la eternidad en uno de tres destinos eternos. Los cuatro caminos de la vida son: 1) el camino secular de salvación, 2) el camino religioso genuino, 3) el camino secular de perdición, y 4) el camino religioso falso. Las dos resurrecciones son: la primera, cuando el Señor Jesús venga a buscar a la Iglesia; y la segunda, después que Jesucristo y los santos reinen en este mundo durante mil años. Y los tres destinos eternos son: 1) la Nueva Jerusalén, 2) las naciones, y 3) el lago de fuego. Ésta es la visión cristiana de la vida humana presentada en la Biblia.